Planteemos de antemano el escenario y luego saquemos conclusiones. Es de cajón de madera de pino que quien tiene la fortuna (o la condena según el caso) de tener un inmueble en la playa, por lo general suele sacar mayor partido de el en la temporada estival, ya sea disfrutándolo personalmente, alquilándolo para rentabilizarlo mejor que en cualquier otra época del año, e incluso por una solución mixta y hacer ambas cosas. En cualquier caso son una minoría los que se plantean vender su propiedad playera en verano. Como he dicho en un principio, un razonamiento dentro de toda lógica, razón por la cual captar inmuebles costeros en pleno verano para su venta se nos antoja toda una heroicidad.

Si bien es cierto que el verano nos presenta el contexto marketiniano perfecto para vender mejor estos inmuebles. En primer lugar porque para muchos es la época del año en la que su uso y disfrute es mucho más apetecible, y en segundo lugar porque el número de clientes potenciales se multiplica exponencialmente en los meses de junio, julio y agosto debido a la gran afluencia turística, tanto nacional como la que nos llega de más allá de nuestras fronteras. Por eso, contar de antemano con este tipo de inmuebles en nuestra cartera nos daría la oportunidad de amplificar y optimizar al máximo cualquier campaña de comunicación que hagamos sobre este inmueble, aunque la disponibilidad para su venta sea pasado el mes de septiembre.

En conclusión, ante los componentes estacionales que condicionan tanto nuestra captación como nuestra ventas, lo mejor es una buena planificación y una diferenciación de con que clientes trabajar en cada momento.